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La Coctelera

Diario de Bitacora

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UNA DE PIRATAS

Elisa hacía años que no duerme en su cama, en ella habitan sus fantasmas del pasado. Estática en el tiempo,  se dedica a cabecear por los rincones de su casa, los ojos, abiertos como platos. Incapaz de conciliar el sueño. Elisa es una nómada, es una pirata.

Se golpea contra las paredes, se retuerce en el suelo cuál lombriz. Duda de cada una de las decisiones tomadas en los últimos años. Mira el pasillo, ahora oscuro y  piensa en huir. Correr con todas sus fuerzas.

¿Hacía donde? no importa, el mundo es lo suficiente grande para recorrerlo sin escrúpulos. Tumbada en el sofá, inmóvil, sólo siente la inmensurable fuerza de sus pies al intentar iniciar la marcha. Se levantaría, y con el pijama saldría de esta casa, atravesaría la calle, que está húmeda y solitaria. Recorrería el barrio, la ciudad entera, dejaría atrás su comunidad, su país, su estado.

Pondría kilómetros entre Ella y el mundo. Salir corriendo hacía otra parte; un lugar donde nadie la conozca, donde poder empezar de nuevo. Empezar de cero.

Una cabezadita y, al despertar su cara está empañada en sudores fríos. Sabe que es incapaz de controlar su tristeza.  Le duelen los huesos, las entrañas. Lo peor, sin embargo, aún está por venir. Es capaz de ver en el horizonte el azote de la angustia. Ya lo conoce y le tiene miedo. En el fondo todo es miedo, y frustración.

¿Cómo se combate eso? Parece mentira que con los golpes que le ha dado la vida no es capaz de quitarse ese mal que le llena por dentro.

Un suspiro.

Elisa, escoge quedarse. Lo hace consciente, mientras junta con sus manos los trocitos de esperanza que le quedan. Sabe que no huirá. Que otra vez hará caso omiso a “Lot”.

 Se quedará observando la destrucción de Sodoma y Gomorra, contemplando como su alma es magullada una vez más por los impactos de la metralla. Y lo hará convertida en estatua de sal, en un objeto estático que no es capaz de mover ni un solo musculo a fin de salvarse, o al menos no ser azotada por las explosiones de lo que va a iniciarse.

Ojalá fuera como los demás y pudiera despedirse del mundo, pero  Elisa es determinada aún sin quererlo. Es racional hasta la médula. Y en contra de su voluntad, sabe que va a dejarse caer en la espiral de dolor hasta que por su propio peso lo atraviese.

Porque sabe que aún cayéndose,  continuará respirando. Continuará picando teclas del ordenador, continuará riendo. Y nadie intuirá que al caer la noche, al volver a su zona cero, se mecerá con sus problemas. Que llorará mares de plata, con sabores amargos, con gritos callados durante el día. Que se quitará la máscara de la felicidad y descubrirá las asperezas de su caparazón magullado. Que soñará con huir una y otra vez.

Porque Elisa es capitán de su barco, tatuada por mensajes ocultos, que después de días duros se deja caer en el vaivén de copas de trago difícil, de paquetes de tabaco volátiles, de sueños agrios.

 

---Adjuntos---

4, mar | 1 comentario Posteado por: evafrade compártelo

1 comentario

almagra 4 mar 2010 | 08:01 PM

Me gusta lo que dices y como lo dices, Eva Frade, llevo tiempo siguiendo tus post y en algunos, y a pesar de las que creo son muchas diferencias, de edad sobre todo, me leo, pero en este ya no he podido por menos que reconocerme en esa pirata Elisa, solo que aun un poco más magullada la coraza y más costrosa la sal por esa misma razón de los años acumulados.
No lo dejes, me gusta.

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