Sara y el ventilador
Miró por la ventana y todo le recordaba al día en que los papeles de su escritorio salieron volando a causa del viento.
Notaba como el sudor le resbalaba por la espalda; deslizándose suavemente desde el inicio de la nuca y bajando delicadamente a través de la curvatura de su columna hasta ir a morir donde todo muere. El calor hacía horas que se había convertido en algo pesado, espeso. En una masa amarilla y dulzona que paralizaba su cuerpo con un cansancio insaciable.
Llevaba días tirada en esa habitación medio desecha, hecha de cáñamo y bambú, y de algunos trozos de las palmeras que rodeaban el recinto. Medio vestida, o quizás, medio desnuda, restaba tendida en la cama sin ninguna aspiración más que la de ver pasar los minutos del reloj de pulsera que hacía las veces de despertador, ahora postrado sobre su propia correa metálica a forma de despertador.
Podía oír su tic-tac incansable pero lento, como si arrastrara las propias cadenas que el tiempo se encarga de poner alrededor de nuestras muñecas y tobillos. Mientras, Sara mantenía la vista clavada al techo, al ventilador. Un ventilador viejo y despintado, que daba vueltas alrededor de su cabeza.
El calor era insoportable y no había manera que llegara una gota de viento a su piel, que cada vez ardía con más fuerza. Sus entrañas se estremecían y consecuentemente proporcionaban calambres que, como rayos de una tormenta, recorrían sus extremidades, acabando en golpes secos hechos por sus manos, por sus pies.
¿Quién le habría dicho de venirse aquí? ¿Quién la convenció? Sara buscaba culpables a sus decisiones, mientras las gotas de sudor se colaban por la boca medio abierta, dejándole un sabor entre refrescante y salado en la boca, que llevaba seca desde hace horas. Su única solución era dar toda la potencia posible a ese ventilado ya medio roto y, que apenas arrojaba una brisa agradable.
Cerró los ojos y recordó el viento; la brisa de primavera en sus labios, el soplo de viento frío de otoño en sus hombros, las ráfagas aventureras tapándole los ojos en verano, y el aura gélida de su cuerpo en invierno…El viento, el viento en su estado puro, el soplo por aires nuevos, por emociones nuevas. La libertad en forma de pájaro. El terror en forma de huracán.
Glop.
La gota cayó encima de su frente, después de colarse cuál espía por las rendijas de aquella cabaña mal-hecha hacía ya años y, porque no decirlo, necesitaba una mano de obra con urgencia. Glop, glop… más gotas caían encima de su cuerpo febril y dentro de la estancia, rebajando a cada segundo el ardor de aquél espacio.
No se hicieron tardar los truenos, ni los relámpagos. La tormenta se acomodó encima del valle y llenó de agua toda aquella naturaleza que gritaba su nombre.
Sara, notó como su cuerpo refrescaba y como la vida volvía a recorrer sus brazos y piernas. Ya no se asfixiaba. La lluvia había conseguido lo que el aire y su ventilador, no.
---Adjuntos---

oculta dijo
....punto 1: nena, ja era hora....
....punto 2: feliç 1r aniversari....
....punto 3: ¿¿¿¿quan et passaràs pel piset????....
....punto 4: dolços somnis i nanit....
15 Septiembre 2009 | 11:13 PM